El sabor de lo nuestro no está peleado con el bienestar
Es muy común escuchar que para sentirse más ligero hay que dejar de comer lo que nos gusta. En El Salvador, eso a menudo significa que nos dicen que olvidemos las pupusas, el arroz, los frijoles o las tortillas. Sin embargo, la comida es un pilar de nuestra convivencia. Un desayuno familiar un domingo por la mañana no debería ser motivo de culpa.
La perspectiva que promovems en kixaniy es la de sumar, no la de restar. ¿Cómo hacemos esto? Añadiendo ingredientes que aporten vitalidad. Por ejemplo, acompañar tus platillos tradicionales con una porción generosa de vegetales frescos o frutas de temporada como el mango, la papaya o la piña que abundan en nuestros mercados locales.
Desayuno, almuerzo y las prisas de la ciudad
Sabemos que si trabajas en San Salvador o Santa Ana, las mañanas suelen ser apresuradas. Muchos compran su café de camino o comen en su escritorio frente a la computadora. Este ritmo acelerado nos desconecta de la sensación de saciedad.
Intentar reservar aunque sea 15 minutos reales para sentarte, masticar con calma y respirar entre bocados puede cambiar por completo cómo se asienta la comida en tu estómago. No se trata solo de qué comemos, sino de cómo lo comemos.
Variedad en el supermercado y el mercado
Aprovechar las visitas al mercado central o al supermercado para explorar colores nuevos es una excelente práctica. Organizar tus horarios de comida ayuda a que no llegues a la cena con un hambre desbordada, lo cual suele resultar en comer muy rápido. Llevar un recipiente con fruta picada a la oficina o tener almendras a la mano son pequeños cambios que ofrecen una gran recompensa en tu energía vespertina.